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viernes, 16 de abril de 2010

Benedicto XVI – ¿el pontífice que acabó con la Iglesia católica – como institución museal?

Quizá sea eso lo que recuerden del teólogo alemán Josef Ratzinger, en un futuro no muy lejano, los libros de historia.

Quizá, mediante el rosario de errores que cometió por acción u omisión en los cinco años desde que fue elegido Sumo Pontífice de la Santa Sede este austero intelectual, su pontificado, precedido por décadas en que ejercía como el cardenal más influyente de la Curia romana, haya permitido abrir la puerta hacia un futuro más acorde con los signos de los tiempos en el Tercer Milenio.

Como mujeres y católicas celebraríamos que por fin despuntara la Nueva Era dentro de la Iglesia Católica Romana que tantas católicas y tantos católicos y con nosotras y nosotros muchas otras personas de buena fe no católicas anhelan desde hace tanto tiempo:

Una era en la que la Iglesia sea la principal promotora de la igualdad entre varones y mujeres dando el ejemplo dentro de sus propias estructuras.

Una era en la que la Iglesia deje de ser Madrastra y Castigadora castrante para convertirse por fin en Madre y Maestra, ante todo en las cuestiones relativas a la sexualidad y a la reproducción humanas: que por fin enseñe que la sexualidad es uno de los más preciosos dones de Dios para celebrar la vida. Que cada persona debe agradecer este don y aprender a gozarlo de manera placentera y responsable en relaciones justas y respetuosas de si misma y de la pareja, teniendo en cuenta que debe evitarse hasta lo posible involucrar de manera irresponsable a un tercero o a una tercera que nunca fue consultada o consultado, salvo si se quiere invitarla o invitarlo a venir a este mundo para tener la vida en plenitud. Por su puesto le permitiría a sus propios funcionarios optar por una vida célibe o no, dentro de relaciones hetero- u homosexuales.

Una era en que la Iglesia deje la pompa de toda esa simbólica del poder basado en la desigualdad, la sumisión y la exclusión, con la que pretende sacralizar ciertas funciones de autoridad asumidas por algunos pocos varones bautizados. Una era en que por fin recuerde que la Iglesia es el Cuerpo de Cristo, el Pueblo de Dios, es una comunidad de iguales, varones y mujeres, que comparten un mismo bautizo liberador y están invitadas e invitados sin ninguna condición previa a celebrar en conjunto la memoria de quien venció la violencia, la exclusión y todo aquello que obstaculiza vivir una vida en plenitud.

Una era en que la Iglesia se convierta en aquel espacio en el que se congreguen y organicen los pobres y oprimidos de este mundo para diseñar y convertir en realidad alternativas empoderantes que permitan ponerle fin a tanta injusticia social. Donde la Iglesia prefigure este nuevo mundo en el que hay abundancia y no se excluye ni marginaliza a nadie.

Una era en que la Iglesia ayude a construir el Estado laico, afirmando y respetando la democracia, el pluralismo, los derechos humanos, y en particular la libertad de conciencia, de religión y de expresión. Una era en que comprenda que su papel no es imponer a la fuerza, mediante el “brazo secular” una doctrina, sino predicar con el buen ejemplo de sus estructuras y confiar en que es Dios quien llama a quien quiere y lo guía por el camino que le parezca el más conveniente, aunque quizá sea distinto al nuestro.

Para su quinto aniversario como Obispo de Roma le deseamos a nuestro hermano Josef Ratzinger la bendición del Espíritu que lo ilumine y lo lleve a mostrar que el Papa es el primero en obedecer las reglas de la Iglesia que estipulan que un obispo se retira a los 75 años y un cardenal a los 80.

1 comentario:

  1. Felicidades por el texto. Me uno plenamente a vuestras reflexiones.
    1abrazo,
    Albert

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